Hace miles de años, el hombre primitivo conocía y dominaba perfectamente su entorno.  Los árboles
y los bosques poblaban casi la totalidad de la tierra, constituían una base fundamental para los seres
humanos y ellos lo sabían. 



El bosque era refugio y casa, farmacia y supermercado. Bajo los árboles se realizaban pactos y jura-
mentos sagrados,  se  celebraban enlaces  y  uniones familiares  y en torno a ellos los más viejos del 
lugar administraban justicia. En los árboles encontraban alimento, curaban sus heridas y enfermeda-
des,  construían armas para cazar y defenderse,  curtían las pieles para poder abrigarse,  fabricaban 
tintes y colorantes y obtenían combustible para calentarse. 



El bosque era su compañero de batalla cuando tendían emboscadas a sus más terribles enemigos. La
aparición del fuego  y el mayor desarrollo de la civilización provocaron una explotación masiva y des-
medida de nuestro medio natural y, por tanto, de nuestros bosques. 

Roturaciones, talas abusivas, pastoreo, incendios...etc, han sido durante cientos de años las causas de
la existencia de paisajes completamente degradados. 



Platón, en el año 400 a de C., denunciaba amargamente la presencia de fenómenos erosivos debido a 
la explotación desmedida del medio natural:  "Lo que  queda es como un cuerpo agotado por la enfer-
medad, ya que al ser arrastrado el rico suelo, sólo ha quedado un esqueleto de la tierra. Antes de que
ocurriera esto,  las altas colinas estaban cubiertas de suelo  y  árboles  .... Ahora el agua abandona el 
terreno árido y va al mar".

En la actualidad sufrimos la pérdida de nuestro patrimonio natural del cual forman parte importante 
los árboles.